Dos son básicamente las razones por las que la historia de los automóviles deportivos Porsche está plagada de éxitos: su innovadora tecnología y la conciencia de los ingenieros de que esta tecnología ha de tener siempre en mente al conductor. Sólo la directa y precisa unión, que surge de forma prácticamente automática entre un Porsche y su conductor, hizo posible que el automovilismo de competición Porsche obtuviera más de 23.000 victorias en algo más de medio siglo. Hoy hemos renovado los dos miembros de esta ecuación. Con una tecnología de indudable aptitud para el uso diario y que no ofrece concesiones en la competición, conformando prácticamente una unidad con el conductor.