Siendo tan coherente como es el concepto del Cayman S, su chasis no podía ser de otra manera. No sólo debía ser extremadamente duro y deportivo. Eso sería demasiado espartano. Más bien al contrario, debía ser capaz de acusar de forma inmediata las maniobras del conductor en cualquier situación, sin que ello incidiera en el confort. Debía permitir al conductor percibir en todo momento el contacto directo con la carretera. El conductor marca la dirección y el vehículo obedece de forma directa. Para una fascinante sensación de conducción. Porque es inmediata. O bien: Porque es sencillamente coherente.